El pasado verano estuve unos días en Málaga, concretamente en la zona de Marbella y Puerto Banús. Entre tanto glamour, yates y coches de lujo, me llamó la atención la cantidad de extranjeros que vivían y trabajaban allí. Sumergido en ese panorama, tuve la suerte de conocer a una chica muy especial. Se llamaba Denitsa, trabajaba de camarera en un pub y era búlgara.Hablaba un español correcto, así que más o menos pudimos mantener una conversación durante un buen rato. Era difícil esquivar sus grandes ojos verdes mientras te contaba -orgullosa- cosas sobre su país de origen. Bulgaria es un país cuya esperanza para desarrollarse se ha multiplicado por cien desde que entró en la Unión Europea en 2007. Casualidad o no, esa misma alegría estaba siempre en la cara de Deni, que sonreía y sonreía con cualquier comentario.
Le encanta España y sobre todo el sol de esta tierra. Pero ella conoce mucho más mundo. Ha viajado por media Europa, habla varios idiomas perfectamente y ha estudiado Económicas en su país. Es muy culta. A veces uno se pregunta por qué los españoles somos tan cerrados en lo nuestro si en la pluralidad está la riqueza. Ahora vive en Alemania, pero gracias a internet mantenemos el contacto. De esta forma, ella sigue practicando su español conmigo. En alguna ocasión me ha dicho que se siente en deuda porque yo le ayudo a perfeccionar su español y ella quiere devolverme su confianza enseñándome búlgaro. Me parece a mí que lo va a tener complicado.
Denitsa lee a menudo este blog y se esfuerza para entender todos los temas, aunque algunos seguro que le resulta complicado con tanta ironía mía. Un día le dije que escribiría sobre ella y aquí estoy cumpliendo mi palabra. La amistad no entiende de distancias, ni tampoco de idiomas. De lo que sí entiende es de buenas personas y ella lo es.
