
Cada oficio lleva aparejado un estereotipo del cual es muy difícil zafarse. Los albañiles son pervertidos, los periodistas son mentirosos, los dentistas son adinerados, los informáticos son bichos raros, los banqueros son estafadores y los profesores son vagos. Éstos últimos, después de haber convocado una huelga por los recortes en la educación, están en boca de todo el mundo y a decir verdad pocas veces salen bien parados. ¿Justamente?
Igual que no hay dos personas iguales, no hay dos profesores iguales. Toda generalización siempre cae en el error. Yo he tenido maestros comprometidos, perezosos, exigentes, permisivos, dicharacheros, apáticos, creativos, monótonos... y no sabría decir cuáles están en mayoría y cuáles en minoría. En cualquier caso, a todos se les mete en el mismo saco y se les acusa de ganar un sueldo desproporcionado en comparación con sus horas de trabajo. Y eso, por mucho que el gremio se empeñe es justificarlo, es difícil de rebatir.
No se me viene a la mente ninguna otra profesión en la que no se trabaje ni por las tardes, ni los fines de semana, ni los festivos, ni en verano. Eso es impepinable. Sin embargo, también es una contradicción que la opinión pública exija a los docentes más horas de enseñanza y no más horas de aprendizaje para los estudiantes. En otras palabras, les instamos a estar más días en las aulas, pero a nadie se le ocurre qué demonios pueden hacer allí sin alumnos, toda vez que el cuento de la formación, las guardias, las tutorías y la investigación no se lo traga nadie, aunque, como en todo, habrá excepciones.
Ahora el tijeretazo amenaza con arrebatarles algunos de sus 'privilegios', aunque ellos vuelven a recordar, entre otras muchas cosas, que el pilar de la educación se sostiene en su labor y que siguen lidiando con más alumnos de los que deberían. Es muy posible que tengan razón en defender lo que defienden, pero lo que no pueden pretender es que el resto de los mortales se solidaricen con ellos. A la gente no le molesta que los profesores hagan huelga, pero sí les repatea tener la certeza de que nunca la harán en julio o agosto. La crisis, la que ya conocíamos casi todos, se ha colado por primera vez en la burbuja del profesorado y he aquí el quid de la cuestión.
